Did we kiss cause it was dark?

 

Llovía a cántaros. Él me miraba con esos ojos que uno pone cuando sabe que va a desatar la tempestad. Yo esperaba - no voy a llorar, no voy a llorar, que me cale el cielo, pero yo hoy no lloro- lo repetí tantas veces en mi cabeza que al final creé una melodía, si acertase con alguna nota podría haber hecho de esa noche una canción dramática. Al menos toda esa pena habría servido para algo.

Se incorporó, carraspeó, suspiró - mmm que me cale el cielo, pero hoy no lloro- trató de hablar, calló antes incluso de emitir sonido. Nunca fue bueno con la palabra.

Le dije que las cosas se sueltan más fácil cuando lo haces con una gran bocanada de aire, echándolas, haciéndolas menos frágiles. Lo hizo. De no haberle aconsejado hubiese ganado quizá, unos minutos más. Pero de qué sirve alargar el tiempo si quien está enfrente ya no te mira.

Nos fundimos en un abrazo, mezcla de lástima y cortesía, al despedirnos. Quizá no vuelva a verlo pensé. La sola idea de que a él esa despedida le supusiera un alivio me daba escalofríos. Dejé la mente en blanco.

No sabía cómo ni cuánto podría afectarme aquello. Pero un corazón no puede romperse si antes no ha tenido la oportunidad de dar su máximo. En eso me refugié; en eso y en todos los soportales que encontré hasta llegar a casa. Aún con todos mis esfuerzos, llegué calada.

Escribo mirando la ropa tendida en la terraza. Tengo miedo de tocarla por si todavía sigue mojada.

Comentarios