cosas mal dichas y a destiempo

 No sé si te agradecí aquel regalo lo suficiente. ¿Te agradecí aquel regalo lo suficiente? Lo tengo frente a mí. Es una preciosidad. No creía a ningún objeto capaz de guardar y significar tanta ternura. No, seguro que no te lo agradecí lo suficiente. Seguro que no supe agradecerte tantas cosas…

Yo siempre me ponía del perfil derecho para hacerme las fotos. Tú siempre me decías que ambos perfiles eran buenos. La cara A y la cara B del vinilo de un gran artista; ambos perfectos. Ha pasado tanto tiempo… ¡Han pasado tantas cosas! Quizá nunca volvamos a encontrarnos; quizá lo hagamos, pero no nos reconozcamos. Qué terror me da pensar en eso.

Sé que te dije hace mucho -quizá para ti poco, no sé ya cómo mides el tiempo- que me gustaría sentarme de nuevo frente a ti para escucharte y conocer qué es de tu vida. A qué dedicas el tiempo libre, si te has vuelto a enamorar, si has encontrado nuevos hobbies, si hay cosas que prefieres olvidar… Te preguntarás quizá por qué no volví a hablarte para concertar aquella cita que tanto ansiaba. Mi respuesta es simple y llana: me venció la cobardía.

Miro de nuevo tu regalo; no sé con qué canción quedarme. ¿Con qué canción te quedarías tú? Aquella Lucía, que difícilmente, pero con éxito conseguiste guardar en 18 canciones, ya no es la misma. ¡Ya no soy la misma! Y yo recuerdo como me mirabas. Cómo me admirabas. ¡Me libre el universo de perder esa mirada! De sustituirla por otra cambiada, triste, apagada; comprobadora de que la persona de la que te enamoraste ya no existe. Y si la rescatas, será de tu recuerdo, pero no de mí.

Y yo, lo siento, no me atrevo a perder esto a lo que estoy tan aferrada. Tengo bien guardada en la memoria esa forma que tenías de mirarme. No quiero remplazarla. Ni hablar. Es como eso que dicen de que no debes regresar a un sitio en el que fuiste muy feliz, para no alterar ni perturbar esos pequeños rincones de felicidad que tanto trabajo te ha costado conseguir. Pues lo mismo con las personas. Lo mismo contigo. Los golpes de suerte, los momentos de fortuna no hay que darlos por supuesto, ni pensarlos eternos. Que muchos al final se pierden; ay si se pierden y uno no vuelve ya a recuperarlos. Nunca supe agradecerte lo suficiente aquel brillo en los ojos. Y ahora veo ese título “Can´t Take my Eyes Off You” y ese subrayado you are just too good to be true. Y yo no puedo perder nada de eso. Lo siento, no me atrevo.

Soy segura en muchas cosas, pero en esto cojeo. Todas las conversaciones imaginarias contigo acaban en decepción; en un “esperaba más de ti”. Aunque sé de sobra que, de pensarlo, jamás me lo dirías. Tampoco haría falta, es ese mi miedo, sé que te lo vería en la cara. Y todo sería para mí pánico y tristeza. Quizá te haría un favor, dejaría de castigarte con mi recuerdo. Te irías con la conciencia tranquila, enfurruñado contigo mismo pensando en el tiempo que has perdido nostálgico por quien no merecía ya la pena. Pero entiéndelo, me aferro al amor que me enseñaste cada vez que me tropiezo. Me recuerdas día a día que el amor puede ser bueno, y amable, y dulce. No sé qué sería de mi sin esa guía. No sé cuántas veces me habría rendido.

Esa cafetería. Esa mesa. Esas sillas. Tendrán que saciarse con otras historias. Con otras personas. Más enteras, más seguras y recompuestas que tú y yo. Personas con ganas de arriesgarse, sin ningún miedo a perder; ni a perderse.

 

Comentarios